miércoles, 11 de diciembre de 2013

37. Preguntas frecuentes (I)

P: ¿Por qué crees que nos interesa todo este rollo?
R: Cállense, desagradecidos, y léanme. Que para eso son mis amigos. Podría estar dándoles esta misma chapa en vivo y en directo, en un bar, y encima les costaría el dinero.
P: ¿Por qué protestas tanto por la mala vida que te dan los corticoides?
R: Verán. Primero estuve tres meses tomando a diario dosis altas de un corticoide muy potente. Dexametasona, se llama. Que me fue bien para controlar la inflamación del cerebro, pero que me provocó un montón de efectos secundarios. Las defensas bajas, doce kilos más, retención de líquidos, osteoporosis, debilidad muscular, colesterol, hipertensión, alteraciones del apetito y del sueño, chepa, barriga reventona y cara de luna llena, barbas y bigotes desmedidos, despellejamiento general, moretones hasta en el oído medio, y podría seguir, pero mejor no.
Luego me fueron quitando gradualmente los corticoides. Entonces empecé a tener una bonita combinación de los efectos antesdichos con otros nuevos, producidos por el hecho de que ya no estaba tomando corticoides, y mi cuerpito (es un decir) los echaba de menos. No, yo tampoco lo veo muy lógico, pero es así. Por lo visto, si te metes corticoides sintéticos, las glándulas encargadas de fabricar los orgánicos se relajan y suspenden la producción. Y cuando se les corta el suministro externo tardan en volver a ponerse en marcha.
Resultado: a todo lo anterior hay que sumar náuseas, dolores de cabeza, de huesos y articulaciones, fiebre, astenia (que viene siendo un cansancio mortal y la incapacidad física de salir de la cama o del sofá, incluso después de explicarse a una misma con todo detalle por qué y para qué hay que levantarse ya-ya-ya), pena infinita, cero ganas de hablar con nadie...
Entonces me volvieron a dar corticoides. Pero otros más suaves, que se supone que me harán pasar mejor el mono de los anteriores. Y en eso estoy. ¿Cómo no voy a protestar? Desde ya les digo que ahora mismo el argumento “sí, pero te libraste de la quimio y de la radio, y puedes andar y usar el brazo izquierdo y todo” no me sirve de mucho. Más bien me encorajina. Cosa totalmente impropia de mí, que nunca me enfado ni pierdo la paciencia.
Ya saben, la culpa de todo es de las drogas. O de la falta de las mismas.