Ahora me duelen los huesos. Así,
todos, en general. Y las articulaciones. Por lo visto tengo
osteoporosis. Es muy divertido haber cumplido ochenta y cinco años sin
enterarse. Para combatir esto de los huesos frágiles debería tomar calcio y vitamina D, pero resulta que no
combinan bien con los anticonvulsivos, ni con dos o tres medicinas
más de las que tomo cada día (si vieran mi pastillero... Es como la Biblioteca de Alejandría de las drogas). Entonces hay que estudiarlo todo y ver las
alternativas. Estas cosas se van ajustando por ensayo y error,
explican los médicos. Y yo, mientras, seguiré deteriorándome, y
con un poco de suerte cumpliré los noventa coincidiendo con las
navidades y podremos aprovechar las lucecitas y los regalos y el
espíritu festivo. Además, podré hacer eso tan propio de las abuelas, y decir lastimeramente "éste es el último año que despedimos juntos". Y luego no morirme, nada más que para joder.
Igual, a fuerza de práctica, soy capaz
de ir orquestando las convulsiones, de modo que cuadren con la
música.