A veces paso el rato imaginándome
entrevistas de trabajo. Ya sé que para eso hace falta mucha fantasía, que la
entrevista de trabajo es, aquí y ahora, un extraño animal
mitológico, con cincuenta y cuatro patas, pestañas rizadas y escamas semitransparentes. Pero una tiene que poner de su parte, como si hubiera
futuro o algo. “Bueno, entonces ha cumplido usted cuarentayglorffs
años, ¿no?”. “Sí, señor, y mire mi CV, qué bien he
aprovechado el tiempo, cuántos títulos, idiomas y cosas; y ahí no
lo pone, pero sé coser y bordar y hasta hacer ojales. Parejitos-parejitos me quedan”. “Quería preguntarle por qué en su
trayectoria profesional aparecen dos períodos prolongados en blanco,
uno en 2009 y otro en 2013”. “Pues verá, la crisis
internacional, la caída de Constantinopla, la piratería, las rocas
metamórficas...”. “¿No se habrá puesto enferma, no?”. “¿Yo?
¿Por quién me toma? Soy una empleada modelo, nunca me cojo cánceres
ni nada, no sé ni qué es una baja por contingencias comunes. Vamos,
no sé ni qué es una contingencia”. “Ajá. Y lleva el pelo tan
corto por gusto”. “Sí, porque me favorece, y también porque soy
lesbiana, y le juro que no pienso inseminarme ni adoptar ni nada,
¿ve?, cero niños, eso que se ahorra en bajas maternales”. “Ya.
Un momento, que vamos a traer al perro”. “Perro, ¿qué perro?”.
“Aquí en Recursos Humanos tenemos un perro especialmente
adiestrado para detectar los problemas de salud; igual que los de los
aeropuertos huelen las drogas, éste huele las enfermedades”. “Ah”.
Entra un cocker doradito con las orejas rizadas, me olisquea una
pantorrilla, se sienta y ladra dos veces. “De acuerdo con el sonido
que acaba de emitir este noble animal, algunas partes de su cuerpo
han proliferado indebidamente al menos en dos ocasiones. Así que
nada, ya la llamaremos”. “No, no, criatura, ven, huéleme otra
vez, que estoy perfecta, sanísima”. “Puede irse”. “Oiga,
deme otra oportunidad. Toby, ven, guapo, verás que reboso salud,
todo en su sitio”. “Señora, que ya hemos terminado, haga el
favor o llamo a Seguridad”. “Pues llame, que tengo el Ébola: le
escupo al guardia y se lo contagio. Y a usted también. Al perro no,
que no debe culpa”. “Señora, es usted la que nos ha mentido”.
“Cabrones. Contrátenme YA. Voy armada”.