Tengo hambre y sed de salvación. No, es broma, tengo hambre, nada
más. Esta dieta me machaca más de lo que esperaba. Como, pero es como
si no hubiera comido. Lo que quiero (con desesperación) es algo crujiente, graso y
salado. En cantidad. Una pizza cuatro quesos con aguacate y cebollita
por encima estaría bien. O dos. O filetes empanados. La cosa es que si hoy hago algo
delictivo es muy posible que mañana me levante con los pies como un
elefante. Y ya estoy bastante pesada, bastante torpe. Hoy iba tan digna por la calle y
pisé en falso sobre un palé viejo que alguien se dejó al lado del
bordillo. Salí volando, aterricé sobre la rodilla izquierda y
además me las arreglé para liarme con la correa de la Pini (que es
larga-larguísima). Me recogieron tres chicas que querían llamar a
una ambulancia. Supongo que me vieron la cicatriz en la cabeza.
Mientras me desenredaba de la correa les dije que no, que tranquilas,
que antes también me caía a cada rato. Me volví a casa cojeando un
poco.
Tengo la rodilla toda azul, pero no me rompí nada. Qué suerte.
P.S. Más suerte. Mi dibujante, ese que no me lee, dice que va a tardar un poco más de lo previsto. Según mis cálculos, tendremos libro en 2056, coincidiendo con el fin del mundo.