Más convulsiones. Más medicinas. Mañana, más pruebas y más médicos.
El descubrimiento del día: el pañuelo en la cabeza multiplica mi prodigioso imán de pirados. De piradas, en concreto. Se me acercan las señoras por la calle, me miran mucho, como si yo no estuviera allí, y luego me cuentan sus enfermedades o me dan ánimos o me recomiendan cosas, así, sin más. La de hoy dijo "mi niña, tú perdona que te pregunte, es que yo sé lo que es eso y te comprendo, ¿lo tuyo es del pecho o qué?". Abrí mucho los ojos y contesté "no, es del cerebro". Se asustó y se fue.
Estoy harta de pañuelos y de piradas comprensivas. Así que decidí salir con la cabeza descubierta, que la cicatriz ya no impresiona tanto. En realidad ya tengo pelo, aunque con clareras en los sitios donde la neurofisióloga me puso las agujas espirales aquellas para monitorizarme durante la cirugía. Y no me gustan nada. Una cosa es rapada y otra tiñosa. Así que rebusqué entre las sombras de ojos y encontré una que da el pego razonablemente. Ahora me pinto la cabeza.