Lo de los positrones fue bien. El informe es, en general,
incomprensible, pero dice “no se registra actividad metabólica sugestiva de
malignidad”. Eso, créanme, mola. Ahora estoy esperando a ver qué se ve en mi
última resonancia magnética. Ariel cree que si siguen haciéndome pruebas e
inyectándome cosas radiactivas dentro de poco seré capaz de encender la
cafetera con la mente. Yo me veo más prendiéndole fuego a distancia a las cosas
(o a la gente), pero habrá que esperar.
Una amiga de mi padre envió por correo un disco y una notita para mí. El
sobre está decorado con una pegatina de un unicornio blanco y rosado. La notita pone “Querida
María, si a partir de un momento uno cambia, los efectos beneficiosos aparecen”;
el disco, “Con toda mi energía - Acción Mental y Relajación”. Y luego hay un dibujo de un
corazón. Mi padre dice que no sea tan tajante ni tan despreciativa, que le dé una oportunidad, que esta
señora es estupenda y muy positiva, que ha sobrevivido a tres cánceres ya, y que no
puedo cerrarme en banda de esta manera.
Vaya si puedo.
Pero de todos modos puse el disco. Empezaba con musiquita de piano y vientos de fondo. Luego salía la voz de un tipo que se llamaba Carlos y que me explicaba que me iba
a relajar intracorpóreamente, que tenía que ir ajustándome al estado mental alfa, y
que respirase hondo y me desprendiese de toda carga negativa. Y que para eso contase con él y fuese repitiendo que me siento de maravilla, sin molestias ni tensiones, y que...
Bueno, que no.
Postdata (con amor). Sigo hinchada y enorme y me muevo como los vapores antiguos, cabeceando y oscilando, a proa, a popa, a babor, a estribor. Parece que empiezo a menguar un poco, pero no descarto acabar rodando, como Alfio, la Bola Troglodita. A cuenta de esto, dos amigos me han dado frases estupendas que procedo a compartir con ustedes:
1. "Pues hasta poco soplada te veo".
2. "Ay, qué guapa estás, tan cachetudita".