1. Tengo chepa por culpa de los corticoides. Esto los médicos, tan dados a la poesía, lo denominan "lipodistrofia", "almohadilla de grasa dorsocervical" o, aún más bonito, "joroba de búfalo". Yo no sufro mucho, primero porque no me la veo (en primer plano, mis cachetes eclipsan a la luna y mi papada me aproxima cada día más a Enrique VIII), y también porque mi capacidad de sufrimiento es limitada. Pero voy con mi madre por el paseo de la playa, ella se para delante de un señor que vende cupones y le compra dos, uno para cada una. Y a continuación, sin pedirme permiso ni nada, me frota los cupones contra la chepa. "Trae suerte", dice, convencida. La gente nos mira.
El cupón, encima, no toca.
2. Esto de las convulsiones me pone nerviosa. Ayer me dio una crisis en un bar y pasé mucha vergüenza. No he conseguido encontrar un desencadenante común, quiero decir, a veces estoy desayunando, a veces dormida, a veces de paseo; aparentemente da lo mismo cuál sea mi nivel de actividad física, la presión atmosférica, el estado de la mar... Justo antes de que arranquen siento una especie de bloqueo en la mandíbula, como si me estuvieran amordazando. Así que ahora me paso buena parte del día vigilando y haciendo pruebas. Mandíbula para acá, mandíbula para allá, mueca de enseñar los dientes. Parezco un camello rumiando. Pestañudito y eso.