Antes se me olvidó decirles que me van a operar dormida y callada. Eso que ganamos. Si el tumor hubiera estado en otro sitio me tendrían que haber mantenido consciente, para preguntarme cosas y asegurarse de que todo iba bien. Pero no, pueden monitorizarme con cables y agujas. La idea de verme en ese quirófano, con los sesos al aire como uno de los monos de Amy Farrah Fowler, cantando, no sé, por la Niña de la Puebla, por los pueblos de mi Andalucía los campanilleros...
Hala, ya está. Que sepan que mi habitación tiene vistas al mar, al Confital, y que mi cama está al lado de la ventana. Me ha entrevistado un enfermero que se llama Damián y ha apuntado con todo cuidado que no me gustan las anchoas ni los mejillones. Tengo el primer turno de quirófano. Allá vamos.