El
neurocirujano, antes de operarme: “Sí, sí, te hacemos una copia de la tarjeta de memoria”.
La
neurofisióloga, en el pre-quirófano, cogiéndome la mano: “Tú tranquila, que Dios ahoga pero no
aprieta”.
…
El cura del
hospital, bendiciéndome mientras estoy en reanimación, ocupadísima con mis convulsiones: “Recuerda, cuatro
angelitos tiene tu cama, cuatro angelitos que te la guardan”. Yo lo miro con
odio y mi padre lo saca de la habitación educadamente.
La técnica de
radiología, a primera hora de la mañana, dando voces por el pasillo: “¿Puedo disparar
ya? ¿Sí? ¡RAYOS!”.
Darth Vader,
entubado en el box de al lado: “Gfggffkkkhhh”.
Mi madre: “No,
no te puedo dejar el aipad porque no te convienen los estímulos luminosos.
Además estoy sin vidas en el candicandi. Pero sí te dejo el aipod, que tengo
montones de podcasts de la conquista del espacio y la magnetosfera y Júpiter y eso”.
Mi hermano el mayor, por teléfono: “Estoy en medio de una tormenta de arena en Mauritania. Te juro que llueven ranas. El avión no puede salir hasta el martes”.
Mi padre,
leyéndome en voz alta la autobiografía de Groucho Marx, y haciendo esfuerzos
por no reírse demasiado: “Nos van a echar”.
Mi hermano el pequeño, con aire clandestino: “Yo te traigo una pizza luego si quieres”.
…
Una enfermera,
a Lord Vader: “¡Antonio! ¡Despiértese y respire! ¡Venga!”.
El cura, mientras me bañan en la cama: “Mucha serenidad, hija mía, verás que dentro de poco eres tú la que reza por nosotros”. Yo, a la enfermera, incrédula: “¿Le estoy enseñando el culo al cura? Dime que no”. La enfermera resopla.
(gracias al Señor Alto por teclear) (bueno, por todo)