Yo: ¿Quieres que te cuente cómo va la clasificación?
Amigo: Por favor. Aunque no sea sino el pódium.
Yo: En el número uno, el ser humano que me echó una bronca por no haberle contado que estaba enferma. Tenía que haber hablado con él, como mínimo, antes de entrar en quirófano. Dijo textualmente: “¿Pero cómo va a ser que te me vayas sin que pueda siquiera despedirme de ti?”.
Amigo: Joder.
Yo: Lo cansado que es consolar a la gente de las desgracias de una, tú.
Amigo: No, lo que pasa es que eres una desconsiderada. No piensas sino en ti misma. Y claro, luego te mueres o te quedas inútil y nos dejas ahí, con la palabra en la boca.
Yo: Después me reprochó que ya lo supiera todo el mundo menos él. Y preguntó si Fulano, sí, FULANO, estaba al tanto. Todo ofendido.
Amigo: Ay.
Yo: En el número dos, las criaturas que me dicen, rebosando amor, que tengo que sanar mis emociones y visualizarme fuerte y saludable, emitiendo haces de luz azulada y eso. Porque, muy probablemente, si yo hubiera estado en sintonía con mi espíritu, nada de esto habría pasado.
Amigo: Pero y qué te cuesta, visualízate, boba.
Yo: Y en el número tres… No sé si te conté que las oposiciones que me estaba preparando, las del Ministerio de Exteriores, ya salieron, y que el primer examen es el 14 de noviembre en Madrid. Y no llego, de ninguna manera. Entonces, cuando protesto, porque llevaba tiempo estudiando y ahora no salen plazas de nada, suele haber alguien que me dice con gran solemnidad “ahora tienes oposiciones más importantes que sacar, oposiciones a la vida”.
Amigo: A veces me pregunto cómo no estamos entalegados los dos ya.
Yo: Porque tenemos contactos.