domingo, 6 de octubre de 2013

11. Señora con la oreja amarilla (y II)

Después de salir del hospital seguí dándole vueltas a lo de cantar. Yo soy así, perretosa. Sobre todo de noche. El insomnio ayuda, también. Estás ahí en la oscuridad, aburriéndote gravemente, y de repente tienes que saber si puedes cantar Uptown girl, de Billy Joel, que por las fechas te parece que deberías ser capaz. Entonces enciendes la lucita chica de no molestar, te subes el portátil a la cama, enchufas los cascos, te vas al tubo y oh sí, sí que puedes, y te mueres de risa viendo las coreografías de la época, y la canción dura apenas 3 minutos y medio, así que la vuelves a poner, y cantas bajito (o eso crees tú), y entonces el Señor Alto se da la vuelta en la cama y te mira con ojos incrédulos, y la Pini también, y tú "and now she's looking for a downtown man, that's what I am, oooooh-oooooh, hola, Jefe, esta gente bailaba como el culo, pero mira, divertirse se divertían un montón". 
El Señor Alto no dice nada, suspira, se arropa y consigue volver a dormirse. Y tú piensas "¿Y los Wham? Espérate tú, wake me up before you go-go"... Esa también te sale bastante bien. Luego te entra un ataque de cordura y compasión humana y apagas el ordenador. Pero te pones M80 en la radio y no puedes evitar hacer un par de experimentos más. Y entonces son las cuatro ya y estás inexplicablemente despejada y te parece fatal que la Pini y el Señor Alto duerman tanto y tan seguido. Y sin drogarse.
A las cinco te rindes y te levantas, en medio de la noche negra te haces un colacao y te enroscas en el sofá a leer una novela de crímenes. Te ves de raspafilón en un espejo y tienes la oreja derecha amarilla. Muy amarilla. Ah, el betadine. Mañana tocan curas. Y neurocirujano, con su informe nuevo de anatomía patológica, y oncólogo radioterápico, y noticias.
Casi mejor concentrarse en cantar, ¿no?
Por cierto, por exigencia de mis cinco fans, mañana grabo mi versión unplugged de "Abanícame el papayo" y la subo. El Señor Alto amenaza con ponérsela en el teléfono.