sábado, 26 de octubre de 2013

18. Zapatos



A algunas señoras no les caben los zapatos. Se les rebosan los pies igual que a las viejitas de luto que van a misa a Santa Ana. Las señoras no se reconocen, miran con extraña fascinación el lugar en el que antes estaban sus tobillos, y escuchan cómo les explican que sí, que es por los corticoides. Lo mismo se aplica a la cara hinchada, al buche, a la barriga esférica, dura, indomable, a la tensión alta, a la respiración trabajosa. Todo es por los corticoides y todo pasará, de acuerdo con los médicos. Las señoras se esfuerzan en dejar de barritar en voz alta, entre otras cosas porque barritar es difícil y no les sale del todo bien y la gente las mira raro. Y procuran no enfadarse cuando les quitan la sal. La sal.

Las señoras aprovechan y se compran zapatos nuevos. Gran elegancia. Lo que ellas querrían en realidad es jamón ibérico, queso stilton, huevos fritos con papas y guindillas, arroz negro, ortiguillas, bacalao, sushi con mucho wasabi, manteca colorá. Pero zapatos está bien. Con un poco de suerte, en unos meses ya no se acordarán de por qué se los compraron. O igual sí, y acaban aborreciéndolos y regalándolos. Las interesadas pueden ir apuntándose a la lista del 41 de horma ancha. 

(La foto nueva de la cabecera es de Ernesto, y la pongo, claramente desactualizada como está, en defensa propia, qué coño, que antes o después volveré a mi ser)