jueves, 17 de octubre de 2013

15. Anémona Mussolini



Entro en el Salón de Belleza Anémona García. Las peluqueras, que están allí aburridísimas peinándose la una a la otra, me contemplan en silencio. Será porque llevo un pañuelo envolviéndome la cabeza. Me acerco y les explico. “Hola, que quiero quitarme los bigotes, y estos pelos de aquí de la cara también”. Por si no lo saben, queridos lectores, los corticoides producen hirsutismo. Y los corticoides mezclados con tamoxifeno, más. Soy propiamente Chewbacca. Aunque más rubianca. Y rapada. Y hablo un poco más claro. Creo.
Las dos peluqueras dicen al unísono “el labio superior”. No se puede usar la palabra “bigotes” en una peluquería, lo prohíbe la ley. Luego me sientan y me miran bien las dos, y la peluquera número uno, que es la jefa, me pasa la mano por la cara. “Esto nada. Es pelusa. Si te lo quitas con cera va a ser peor, y si te lo decoloras no te va a quedar bien”. “No, pelusa no es, se ve un montón”. “Te lo digo yo que soy una profesional; vamos, tengo yo más pelo que tú, mira, mira, y negro además; lo que te pasa es que estás mal acostumbrada, porque tienes ESA piel y te habrás pasado la vida con la cara lisita; pero yo desde luego no pienso hacerte nada, la pelusa se te caerá sola y además no la ve nadie y punto”. “Ah”. “Voy a llamar a mi hermana, que está en el piso de arriba, para que te dé su opinión, que ella es especialista”. “Ah”. “¡MERCEDES! ¡VEN!”. Mercedes trota escaleras abajo. “Mira a esta señora”. “Sí”. “Dice que tiene pelos en la cara”. “No”. “¿Tú le harías algo?”. “No”. “Pues ya está”. Mercedes trota escaleras arriba.

Me arrancan los bigotes con cera al aroma de chocolate, me cobran baratísimo y me echan a la calle. “Y no seas cabezuda, no vayas a ir a otra peluquería, que igual te hacen un desastre sólo por sacarte las perras”. “Vale, gracias”.

¿Por qué siempre mis peluqueras mandan más que Mussolini?